Xavi

“He tenido que adaptarme a un fútbol de fuerza. Es el signo de los tiempos. Hace 15 años todavía podía ser un jugador de toque, pero hoy en día, hay que ser fuerte para jugar a esto”. Estas palabras las dijo en 1998, con 31 años de edad, el famoso jugador italiano Roberto Baggio, después de que su selección cayera eliminada en el Mundial de Francia’98. Roberto Baggio ha sido desde siempre uno de los artistas de la pelota más puros. Siempre fue criticado por su escasez de fuerza a la hora de mover la pelota. Hoy en día, parece que la habilidad y la imaginación en el fútbol dejan paso al músculo y la fuerza. Los equipos y los jugadores con ritmo son los mejor dotados para el fútbol.

Es la evolución del deporte, y tenemos que aceptarlo. Sin embargo, yo creo que esto no es así, o al menos, no de la manera que nos hacen creer. Los futbolistas hoy, en la mayoría de los casos, son primero atletas, y en segundo lugar futbolistas. El deseo de llegar a ser el más rápido y el más fuerte ha llevado a muchos entrenadores a prescindir de los jugadores fantasiosos. Si miráis hacia atrás en el tiempo, a la década de 1980, casi todos los grandes equipos construían la base de sus éxitos alrededor de un clásico número 10: un Michel Platini, un Diego Armando Maradona, un Zico o un Baggio. Hoy en día, los equipos son tan frágiles en ese sentido, que necesitan al menos a dos hombres en el centro del campo para ello. Para ser un buen centrocampista en el fútbol de hoy parece que sólo hace falta correr, correr, y correr, como si fuera un robot programado exclusivamente para ello. Y esto es engañarnos a nosotros mismos…

Os pongo como ejemplo Xavi, el centrocampista del Barcelona, símbolo de la pureza del fútbol. Un hombre que, con su juego, nos hace retroceder al fútbol virtuoso de los años sesenta u ochenta, un ejemplo de cómo se debe jugar a esto de la pelota. El miércoles pasado fue uno de los grandes artífices de la victoria de su equipo en la Final de la Liga de Campeones ante el Manchester United por 2-0. Después de un brillante inicio del equipo inglés, Xavi se adueñó del centro del campo junto con el igualmente brillante Andrés Iniesta, y juntos, dominaron el partido. Todos y cada uno de los pases del Barcelona comienzan en alguno de estos dos hombres. Xavi le dio el pase del segundo gol a Messi, Iniesta sirvió a Eto’o el primero de la noche, pases al hueco para Henry y Puyol. La orquesta española tenía como claros directores a Xavi e Iniesta.

Xavi

El Barcelona bien podía estar sin tres de sus defensores titulares, Alves, Abidal y Rafa Marquez. Daba igual, nada de esto importaba mientras Xavi siguiera llevando el carro de los azulgranas. Cuando el catalán juega para su equipo, está casi garantizado que asegura el monopolio de la posesión de la pelota. Así mismo, exactamente, se produjo en la semifinal contra el Chelsea. Y, para más inri, muchos recordaréis a Xavi, en la escena internacional, llevando la batuta de la selección española Campeona de la Eurocopa 2008. El Manchester United apenas tenía la pelota. No podía ganar, sencillamente porque no tenía la posesión. El centro del campo del Barcelona es el eje sobre el que gira la maquinaria azulgrana. Realmente, el problema para los contrarios no es Messi, sino Iniesta y Xavi, que se podían haber llevado toda la noche con la pelota en sus pies.

Xavi es, sencillamente, un genio, el mejor centrocampista del mundo en estos momentos. Durante la década de 1990, el Barcelona y la selección española poseían otro centrocampista de clase mundial. Su nombre era Pep Guardiola. Es justo decir que Xavi ha superado al hombre que, entrenando a los azulgranas, les ha hecho ganar Liga, Copa del Rey y Copa de Europa, en su primer año en el banquillo catalán. El hecho de que Xavi, como hace unos meses lo fuera Andrea Pirlo, haya brillado sin ser un jugador de gran presencia física, es la prueba más clara de su extraordinaria capacidad. Quizás hace 20 ó 30 años sería mucho más alabado de lo que lo es en España. Xavi, Messi e Iniesta demuestran en cada partido que, en fútbol, sigue habiendo un puesto determinante para los jugadores pequeños. Como dijo Roberto Baggio en 1998, el fútbol sigue aún siendo fútbol.