Ibisevic en su etapa en el Aachen alemán

Quién se lo iba a decir a este chico bosnio de apenas 24 años la temporada pasada. Vedad Ibisevic es el delantero centro del Hoffenheim, el sorprendente lider de la Bundesliga, empatado a puntos con el Bayern de Munich, un equipo recién ascendido a la Bundesliga y que, hasta hace dos temporadas, militaba en la tercera división alemana. Ibisevic es alto, 1 metro y 89 centímetros, es el clásico delantero rematador, al que algunos le darían por llamar delantero-tronco, ese que parece que no va a poder moverse dentro del área, y que sólo aseguraría una media de 5-6 goles por temporada. La verdad que, hasta este año, así había sido. Bueno, menos en sus inicios.

La vida de Ibisevic está marcada por la triste Guerra de los Balcanes. Con 16 años tuvo que emigrar con su familia de su Bosnia natal. Él sabía que la pólvora estaba en sus botas, no en las calles, y pasó 10 meses en Suiza, entrenándose con el Basilea. De allí, no hubo más remedio que tomar el avión, y poner rumbo a Estados Unidos, concretamente a Missouri. A pesar de no ser un país muy futbolero, la pasión de Ibisevic no se vió mermada en ningún momento, todo lo contrario. Allí tuvo la oportunidad de jugar en el equipo de la ciudad, y anotar 18 goles en 22 partidos, algo que aún recuerdan los aficionados locales.

Esa temporada le valió para ser llamado por la selección bosnia sub 21. En un jugador así se fijó el París Saint Germain, quien lo fichó con la esperanza de encontrar su delantero rematador. Pero la juventud de Ibisevic le jugó una mala pasada en la exhuberante París, y no cuajó. El bosnio fue cedido a un equipo de la segunda división francesa, el Dijon, donde, con apenas 6 goles en 24 partidos, pasó a convertirse en un delantero más en el que seguramente no se fijarían los grandes equipos del continente.

Ibisevic ya en el Hoffenheim

Ibisevic cambió de aires, y abandonó la liga francesa para marcharse a un equipo de la segunda división alemana, el Aachen. Allí volvió a quedarse otra vez como estaba. Sus números no llamaban demasiado la atención, y su valía parecía que se quedaría estancada en los escalafones bajos europeos. Fue en esas cuando apareció el que hoy es su entrenador en el Hoffenheim, Ralf Rangnick, un hombre al que le comentaron la posibilidad de fichar a ese delantero que jugaba en el Aachen, que promediaba 6-7 goles por temporada, y que quizás podría venirle bien al equipo, principalmente porque sabía cuatro idiomas.

Ibisevic fichó la temporada pasada por un Hoffenheim que acababa de ascender a la Segunda división alemana. Ese año, el bosnio apenas disfrutó de minutos, pero congenió perfectamente con sus compañeros gracias a sus dotes lingüísticas. Salió en algunos partidos y demostró algo, ese pellizquito que los jugadores que están aún por pulir y explotar reflejan en las ocasiones de las que disfrutan. De manera sorprendente, aquel equipo y su ciudad de apenas 3000 habitantes se ganaron a pulso el ascenso a la máxima categoría del fútbol alemán.

En la primera jornada de este año, el Hoffenheim ganaba 0-3 a domicilio al Energie Cottbus, con dos goles de un tal Vedac Ibisevic. Desde entonces, y en 17 jornadas que llevamos de Liga, el bosnio ha marcado ya 18 goles, y es en estos momentos la Bota de Oro del fútbol europeo. Los grandes como el Inter y el Manchester United han puesto sus miras en él. El propio Mourinho ya se lo ha querido llevar en el mercado de invierno, pero Ibisevic quiere ganar la Liga con el Hoffenheim, quiere hacer vibrar y soñar a todos aquellos que, desde aquellas frías y oscuras noches en los Balcanes, cuando la maldita guerra convirtió en sangre su país, han confiado en él como el primer día.