Messi

Vamos a partir de la base de que estamos en contra total y manifiestamente del juego duro, de las patadas a destiempo, de las entradas con alevosía y saña que van a castigar al jugador. Esas durezas deben ser castigadas como se merecen por parte de los árbitros, pero nada más. Expulsión o tarjeta amarilla, pero pararlas a su debido tiempo antes de que el partido se le pueda ir de las manos al colegiado o trencilla de turno. Las cosas es que en la Liga española se ha disparado todo esto un poco con el castigo premeditado que parece recibir el argentino Leo Messi, en palabras de su técnico Pep Guardiola, y todo el barcelonismo, quien piden por favor que los árbitros extremen su dureza con los defensores.

El partido de la semana pasada entre el Barcelona y el Deportivo de la Coruña me sacó completamente de mis casillas. Me puso nervioso, sin más, me alteró más de la cuenta, porque Messi no recibió ninguna falta por parte de los defensores del Deportivo hasta el minuto 80 de partido. Evidentemente, no fue esto lo que me alteró, sino el hecho de que, dicha falta, con 4-0 a favor de los azulgranas, provocó las protestas airadas del propio Messi, que se encaró con el defensor que le había hecho la falta, y con ello levantó las iras de los aficionados azulgranas que no dejaron de pitar. El árbitro por su parte, se encaró con el jugador del Deportivo de manera muy ostensible.

La falta no fue dura en absoluto. Fue una falta sin más, de las que pueden existir treinta en cada partido. La única diferencia es que el objeto de dicha falta fue Leo Messi, a quien parecen querer crearle un aura de protección a su alrededor para que nadie lo toque y pueda campar a sus anchas por los campos de fútbol. No me parece, no me parece correcto que los defensas contrarios se vean intimidados y sepan que cualquier toque al argentino se puede convertir en tarjeta amarilla o en expulsión por la sobreprotección de los árbitros. Está claro que se deben sancionar y castigar las entradas duras, por supuesto. Pero el fútbol es el fútbol, esto no es parchís ni una partida de ajedrez. Hay que meter la pierna, buscar la pelota, y ciertos jugadores la esconden de tal manera que, en muchas ocasiones, es inevitable llegar al contacto y derribar al contrario.

Messi

Johan Cruyff, un auténtico símbolo del barcelonismo, ya lo dijo hace poco más de un mes, cuando se refería a las quejas del propio Messi sobre las supuestas excesivas entradas que recibía. El holandés comentaba que Messi no debería quejarse tanto, y sacar más partido de esas contínuas faltas. Otros jugadores de la liga española también le recordaron al argentino que ellos también recibían multitud de faltas en los partidos, y no se quejaban por ello. Jugadores habilidosos como Santi Cazorla del Villarreal, Diego Capel del Sevilla o el propio David Villa del Valencia, son jugadores que pueden recibir, al cabo de un partido, el mismo castigo que Messi.

Esto ha provocado que cualquier mínima entrada sobre el argentino sea vista como una persecución contra él, levantando las iras de los aficionados azulgranas. Los defensores, como le pasó a los del Deportivo el sábado pasado, apenas podían meter la pierna, pues se veían en la tesitura de una tarjeta amarilla o el peligro de una expulsión. No niego que en alguna ocasión, como pasó hace algunas semanas contra el Atlético de Madrid, Messi haya recibido un castigo excesivo. Pero no por ello debe calentar el ambiente y provocar un debate que me parece totalmente insulso. Fútbol es fútbol, y las muñecas, se quedan en casa a la hora de los partidos.