Shevchenko

Se lo diría así de claro al delantero ucraniano del Chelsea. Hace muy pocos días, Shevchenko ha sido elegido como el peor fichaje de la historia de la Premier League. Sinceramente, no estoy de acuerdo en absoluto con tan injusta designación. Es verdad que el ucraniano no está siendo ni mucho menos el jugador por el que apostó Abramovich en su momento. Pero, de ahí a afirmar lo que se afirma, va un mundo. Realmente, no me explico cuáles han podido ser las causas del bajón tan tremendo que ha sufrido el delantero desde su llegada a Londres, pero los números no engañan. Shevchenko ha sido un fracaso para el conjunto de Stamford Bridge.

A mí, de todas formas, Shevchenko es un jugador que me fascina. Rápido, potente, con un disparo terrible, un jugador con un cambio de ritmo electrizante. Un hombre que logró, en sus orígenes, llevar a su Dínamo Kiev a las rondas finales de la Champions League allá en la década de los 90. Su calidad y su explosividad le hicieron que Silvio Berlusconi lo quisiera a toda costa para el Milán. Allí volvió a encandilar, esta vez a la afición rossonera. El ucraniano goleaba, hacía el fútbol fácil, plástico, atemorizaba a las defensas europeas. Shevchenko se convertía en uno de los mejores delanteros europeos, y su nombre sonaba siempre en la agenda de los grandes equipos.

Berlusconi es el padrino de uno de los hijos de Shevchenko

Aún no he logrado comprender del todo porqué Berlusconi, que lo idolatra, lo vendió al Chelsea. Quizás la millonada del magnate ruso, quizás la permisividad del propio jugador por quedarse en Italia. Lo que está claro es que, Shevchenko, cambió de aires, y con ello, se le apagó el fútbol. Su primera temporada en el cuadro londinense ya marcó lo que parecía ser su futuro más inmediato. Shevchenko no se aclimataba al fútbol inglés, más práctico. El ucraniano comenzaba a aposentarse en el ostracismo, y poco a poco, desaparecía del concierto futbolístico internacional.

Han pasado los años, y en Londres, el nuevo técnico del Chelsea, Scolari, ya ha afirmado que no cuenta con él. Las posibilidades de volver a ver a Shevchenko brillar sobre un campo de fútbol dependen del grado de nostalgia que a día de hoy presente Berlusconi por él. El presidente del Milán siempre ha adorado a su hijo pródigo. Este puede ser el momento de la vuelta de Sheva al Milan. Todos lo queremos. Porque está claro que al ucraniano aún no se le ha derramado del todo la magia de sus botas.