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Ago
Robinho, el revolucionario blanco
Jose Manuel el 15 de Agosto de 2008
Al Real Madrid le crecen los enanos. Y le crecen sencillamente porque se está convirtiendo en un circo, y todo gracias a su presidente, Ramón Calderón. Desde el principio no me pareció un dirigente a la altura de un equipo como el Real Madrid. Prometió lo divino y lo humano, engañó a los aficionados con los sueños de ver a Kaká y Cesc vestido de blanco, y convirtió las elecciones del Real Madrid en un sufragio propio de una banda de forajidos que sólo les importaba el dinero de las arcas blancas.
El culebrón del verano con Cristiano Ronaldo ha sido una auténtica granada de mano que se ha colado en las entrañas madridistas. El ninguneo con el que Calderón ha tratado a los aficionados, a sus jugadores y su técnico, es para que se levanten todos los cimientos del Santiago Bernabéu y se traguen la estampa peregrina de su presidente. Ahora, la última bomba la ha protagonizado Robinho, y todo por culpa de Calderón. Quiero dejar claro que Robinho es un jugador que no debería dejar escapar el Real Madrid. A pesar de que tan sólo dio muestras de su enorme calidad la temporada pasada, Robinho debe jugar en el club blanco, porque tiene calidad de sobra.

Pero el tan manido culebrón Cristiano ha dejado a Robinho a la altura del betún. Él sabe que el Madrid quería al portugués para dejarlo a él en el banco, o buscarle una salida. Y Robinho ha explotado, o venía haciéndolo desde hace unas semanas. Ahora se ha negado a viajar a Valencia para disputar la ida de la eliminatoria de la Supercopa de España el próximo domingo. Toda una declaración de intenciones. Que conste que no es una actitud que considero correcta. Robinho es un trabajador, y por muy mal que se sienta en su trabajo, debe cumplir con su deber. Es una falta de respeto también hacia sus compañeros, que en todo momento han intentado apoyarle. Es una falta de respeto también hacia su afición, que ya el año pasado, con la famosa noche brasileña en Río de Janeiro, le perdonó sus salidas nocturnas. Es una falta de respeto a una institución como el Real Madrid que, a pesar de no merecerse los dirigentes que tiene, sigue siendo uno de los clubes más laureados del mundo.
Robinho quiere irse al Chelsea, quiere cobrar lo que él piensa que debería cobrar. Se siente marginado porque sus emolumentos no son los que el piensa que debería tener acorde con su calidad. El Chelsea le ofrece el oro y el moro, y todo el mundo, en su situación, le gustaría cambiar de aires. Porque, hoy en día, es muy difícil encontrar a algún jugador que pueda pensar más allá del dinero. Son chicos jóvenes, no les importa demasiado la camiseta que visten, el color por el que viven es el de los ceros contantes y sonantes de sus cuentas corrientes. Robinho ha provocado al madridismo, es el revolucionario blanco. Calderón debería tomar cartas en el asunto, pero, mejor que se quede quietecito, porque todo lo que toca lo deshonra.
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