Van Nistelrooy resultó fundamental para la victoria de su equipo

Últimamente el Real Madrid se está abonando a su tremenda pegada y la suerte para resolver sus compromisos. Esta tarde afrontaba en San Petersburgo su segundo partido de Champions, ante un Zenit, campéón de la UEFA y de la Supercopa de Europa, que había dejado una muy buena impresión en la primera jornada en Turín ante la Juventus. El frío y el ambiente de la ciudad rusa hacían temer a los madridistas por el resultado, pero los blancos salieron desde el inicio a morder, y ya a los 3 minutos de partido, se habían adelantado gracias a un autogol de la defensa del Zenit.

Los rusos habían salido acongojados, acogotados ante la alargada sombra que el Real Madrid aún proyecta en algunos países europeos. Pero el Zenit tiene equipo, los rusos saben jugar la pelota, y cuando aparecen sobre el terreno de juego hombres como Arshavin, al que no voy a descubrirles ahora, o el portugués Danny, al que sí quiero presentarles, y con todas las razones, el juego de los de San Petersburgo atesora calidad a raudales. En el momento en el que lograron zafarse del miedo y vieron que podían hacerle daño al Madrid, se vinieron arriba, y en una jugada por banda del propio Arshavin, Danny se anticipaba a Heinze para igualar la contienda. El Zenit había despertado y se presagiaba presión por parte de los locales.

Arshavin, la viva imagen de la impotencia de su equipo

Pero el Madrid es el Madrid. Le sobra calidad por los cuatro costados. Calidad y pegada, resolución, efectividad. El Madrid tiene un hombre en la delantera que hoy en día puede ser de los jugadores más rentables de las últimas décadas. Balón que se queda en el área, balón que en el 90 por ciento de los casos caza el holandés Van Nistelrooy. Cuando el Madrid parecía que podía pasarlo mal tras el empate de los rusos, un rechace de un defensa, un balón en el área del Zenit, y volea de Van Gol que la manda a la red. Así de sencillos son los partidos que resuelve el Real Madrid. Así de poderosa es su efectividad, su pegada. De nuevo los blancos por delante, y a administrar la ventaja.

La segunda parte fue otro cantar. Los rusos que quisieron ponerle la quinta marcha al partido desde el principio. Sin duda, me encanta el Zenit. Es un equipo que le da igual quien tenga enfrente. Sale al ataque, tiene calidad, hace jugadas hilvanadas, no recurre al pelotazo, y tiene a dos peloteros como Arshavin y Danny que mueven al equipo a las mil maravillas. El Madrid entre medias, al contragolpe, creando también peligro, intentando matar el partido. Hubiese sido lo mejor porque las ocasiones que tuvieron los rusos fueron de aúpa. Casillas volvió a ser San Iker en algunos momentos, el portugués Pepe se convirtió hoy en uno de los mejores centrales de Europa, y el Zenit se topó de bruces con la mala suerte y un tiro al palo del propio Arshavin. No había manera. Entradas por banda, doce saques de esquina, rechaces, los rusos pudieron empatar el partido en cualquier momento, pero el Madrid tenía hoy el santo de cara. Cuando la suerte visita a los blancos, hay que rendirse a la evidencia. Al final del partido, victoria importantísima de los madridistas, y el Zenit que, causando una muy buena impresión, aún no ha logrado puntuar en ninguno de los dos partidos.