Paolo Maldini

Puede que no fuera la despedida perfecta para una carrera perfecta, pero el sol brilló en todo lo alto de San Siro, en Milán, para despedir a una de las grandes leyendas del fútbol europeo, Paolo Maldini, que jugó el domingo pasado su último partido con la elástica milanista. Incluso la Curva Sud, aquella cuyos corazones siguen encabezados por el gran capitán Franco Baresi, se rindieron a Il Capitano, il Bello Maldini. Aquellos padres que, cuando debutara Maldini allá por 1985, eran aún chicos jóvenes, no pudieron contener la emoción delante de sus hijos, al ver cómo se despedía al hombre al que habían llegado a elogiar, el hombre al que habían enseñado a querer a sus propios hijos.

Quien le iba a decir al Friuli Stadium en enero de 1985, que aquel chico joven que saltaba al terreno de juego con la camiseta rossonera se iba a convertir en una de las grandes leyendas del fútbol mundial, y que su nombre sería conocido por todos los grandes aficionados a este deporte. El domingo, el día de su retirada definitiva, fue un día normal. Incluso el equipo daba a conocer la nueva equipación de la próxima temporada. Paolo Maldini se acercó hasta los aficionados milanistas, concretamente a la gran pancarta que lo saludaba. Allí aparecían los trofeos ganados por el jugador, el duro trabajo y la entrega fiel a unos colores que siempre llevó consigo, algo que los silbidos recibidos alguna vez en su carrera, nunca podrán ahogar.

Su padre Cesare fue el que introdujo a su hijo Paolo la pasión por el Milán, el que le llevaba a los entrenamientos del primer equipo, y allí permanecía, siempre con su cigarrillo en la mano. Cesare Maldini llegó a ser entrenador de la selección italiana de fútbol, pero nunca le regaló a su hijo nada. Paolo todo se lo ganó en el campo, con su trabajo y su entrega. Su padre nunca tuvo que hacer nada para promocionar la carrera futbolística de su hijo. Pero ni el propio Cesare era consciente del impresionante talento que tenía en sí su hijo. Paolo sólo había empezado a jugar en el equipo de su barrio, y ya ahí comenzó a destacar. De hecho, al comenzar a jugar, ni siquiera su padre sabía en qué posición jugaría su hijo, sino que dejó que su entrenador le colocara donde mejor veía. Desde entonces, Maldini ocupó la demarcación de lateral derecho.

A los 14 años ya estaba en pruebas con el primer equipo del Milán. Su padre, Cesare Maldini, comenzó a mimar al jugador, indicándole las rutinas que debía seguir un futbolista. Le dejaba salir con sus amigos los martes y miércoles, y alguna comida, si cabe, los domingos por la tarde. Fuera de aquello, estaba el fútbol. Desde entonces, y hasta ahora, Maldini ha sido y será una leyenda viva del fútbol italiano, europeo y mundial. Su último gran trofeo fue la Liga de Campeones conquistada en el 2007, exactamente 40 años después de conseguirla y levantarla su padre. Desde ese momento, y para siempre, la leyenda de Maldini seguirá con nostros, a pesar de su ausencia.