Nicolás Anelka

Me ha sorprendido leer que Anelka va a cumplir dentro de poco 30 años. Pensándolo ahora fríamente, es verdad… Lo recuerdo en aquel año catastrófico que tuvo en el Real Madrid, en la temporada 99-00, cuando el equipo blanco, su presidente, mejor dicho, Lorenzo Sanz, llegó a pagar hasta 33 millones de euros al Arsenal por aquel delantero francés que había despuntado la temporada anterior con los gunners. Aquel Anelka que llegó al Real Madrid sólo tenía 20 añitos. Había sido uno más de los grandes descubrimientos de Arsene Wenger, ese hombre que no sé de dónde se saca a las perlas de las canteras de los diferentes equipos. Ve a los jugadores jóvenes y sabe que dentro de unos años serán grandísimos jugadores. Se trajo a Anelka para el Arsenal con sólo 17 años, para sustituir al legendario Ian Wright, que se disponía en poco tiempo a colgar las botas y abandonar el fútbol. ¿Quién iba a pensar que aquel delantero francés iba a ser lo que es hoy ahora?.

Anelka cumplirá 30 años siendo uno de los máximos goleadores de la Premier. Tengo que reconocer que soy uno de los primeros que tiene que quitarse el sombrero ante el temporadón que está llevando a cabo el galo en el equipo de Scolari este año. Jamás hubiese podido imaginar que llegaría al nivel de juego en el que se mueve ahora. He creído muy poco en Anelka, lo reconozco. Su paso por el Real Madrid creo que marcó el concepto que siempre he tenido del francés. Pero, los años posteriores a aquella desastrosa temporada con los madridistas, tampoco fueron para tirar cochetes. Pasó por el París Saint Germain de nuevo, volvió a la Premier de la mano de Gerard Houllier y el Liverpool, donde de nuevo, tampoco cuajó. Se marchó al Manchester City, tal vez la temporada que parecía resurgir de nuevo. Pero, extrañamente, decidió marcharse al fútbol turco, al Fenerbahce, cuando aún los otomanos no estaban capacitados para hacer algo en Europa. Nicolás allí nunca se sintió a gusto del todo, y volvió de nuevo a la Premier, al Bolton.

Nicolás Anelka y el Chelsea

Fue el momento de la resurrección del francés. Comenzó a cumplir con las expectativas, empezó a recuperar la ilusión, la confianza en sí mismo, dejó de ser aquella persona extraña cuya personalidad muchos dirigentes y muchos aficionados nunca entendieron, y volvió a demostrar que los grandes podían fijarse en él. Precisamente, en enero del 2007, el Chelsea le brindó su confianza. Yo, a decir verdad, le perdí un poco la trayectoria. Volví a verle en la final de la Liga de Campeones de este año ante el Manchester United, cuando se convirtió en triste protagonista, otra vez, fallando el penalti que significaba la derrota del Chelsea ante los diablos rojos. En aquel momento, tengo que reconocerlo, volví a pensar que Anelka no volvería a ser nada en el mundo del fútbol. Sólo un delantero irregular, sin perspectivas, un hombre que no servía para un equipo que pretendía ser el más grande de Europa. Volví a pensar que Nicolás Anelka nunca saldría de aquel cascarón de despropósitos en el que llegó al Real Madrid.

Nicolás Anelka va a cumplir dentro de poco 30 años siendo uno de los máximos goleadores de la Premier. Nicolás Anelka fue descubierto por Arsene Wenger cuando apenas contaba 17 años. El gran técnico francés, por el que yo siento verdadera admiración, y al que siempre califico como el mejor entrenador del mundo, no podía equivocarse con aquel chico que había salido de su equipo del alma, el París Saint Germain. Hoy tengo que reconocer mi error, olvidar a aquel Anelka que en Madrid sólo fue recordado por aquellos dos goles que le marcó al Bayern de Munich en una eliminatoria de Liga de Campeones. Aquella locura maravillosa, como calificó Lorenzo Sanz el fichaje del francés, vuelve a la senda del gol. Nicolás Anelka cumplirá 30 años en la cresta del éxito. Espero que tenga que seguir viendo sus partidos con el sombrero quitado. Gracias Anelka por no darme la razón, y por hacer del fútbol el deporte más maravilloso sobre la tierra.