Messi y Eto’o derriban el orgullo blanco en el clásico

Llegaba esta noche el clásico de los clásicos al Camp Nou. El Barcelona recibía al Real Madrid con la posibilidad de distanciarlo en doce puntos, una ventaja eléctrica cuando sólo llevamos tres meses de competición, y aún queda más de una vuelta de campeonato. Los blancos, con la presencia de Juande Ramos como nuevo inquilino del banquillo merengue, acudían como víctimas propiciatorias al matadero. Un equipo plagado de bajas ante otro conjunto que está para salirse del mapa futbolístico y despegar a las alturas celestiales de la pelota. El Real Madrid, con lo justito, ha sacado hoy el orgullo blanco, el coraje y la rabia, y ha plantado cara al Barcelona durante 83 minutos. En ese momento fatídico, el camerunés Eto’o, que había fallado un penalti quince minutos antes, tumbó la resistencia casi heroica de un equipo que demostró gallardía y constancia.
El Barcelona salió desde el principio con la clara intención de la meta de Casillas. Juande Ramos había colocado a Sergio Ramos como antídoto del argentino Messi, al que en apenas quince minutos le dieron estopa para bañarse en golpes. Hasta el propio Guardiola saltó del banquillo de manera airada para protestar el castigo desmesurado a su jugador. El Barcelona de todas formas empujaba pero no derribaba, y el Real Madrid, metidito atrás, con el cuerpo recogido, achicaba balones y buscaba el lanzamiento largo. En uno de ellos, el holandés Drenthe tuvo la posibilidad de cambiar el signo del partido, pero su mano a mano con Valdés lo envió al cuerpo del portero azulgrana. El Camp Nou comenzaba a pensar que tal vez la cosa no fuera tan sencilla como la venían pintando toda la semana. Los azulgrana seguían empecinados en querer entrar por el centro, donde Cannavaro y Metzelder, notables ambos en el partido de hoy, mandaban a casa cualquier intento golpista de los de Guardiola. Así el Barça se hundía en su propio atasco, y veía como al descanso, a diferencia de otros partidos, el marcador electrónico reflejaba un empate a cero que a muchos preocupaba.

En la segunda parte las cosas no cambiaron demasiado. El Real Madrid se sentía seguro atrás. Arriba que se las arreglaran como pudieran Raúl, Higuaín y la poca compañía que se les sumara. El Barcelona por su parte no encontraba a Xavi, que seguía remando en la espesura del olvido, recibiendo contados balones sin peligro. Tan sólo las arrancadas de Messi y de Henry en banda llevaban el aliento a las gradas azulgranas. Guardiola quiso darle dinamismo al centro del campo, sustituyendo a Gudjohnssen por Sergio Busquets. Juande Ramos no varió un ápice su planteamiento, todo lo contrario. Retiraba a Higuaín y metía en el campo a Van der Vaart, delantero por centrocampista. El empate sabía a gloria con la que había llovido en Madrid toda la semana. En esas estaban cuando Míchel Salgado estuvo a punto de tirar por la borda todo el trabajo de los blancos en 70 minutos. Penalti infantil sobre Sergio Busquets, que Eto’o lanzó para que Casillas rememorara la noche gloriosa de los cuartos de final de la Eurocopa ante Italia. Paradón del madrileño, y vuelta a empezar.
Pero el Barcelona comenzó a embestir, y Casillas volvió a erigirse minutos más tarde en salvador del equipo. La resistencia blanca parecía que debía convertirse en heroica para llevarse al menos un punto de Barcelona. Aún así, el canterano Palanca tuvo en sus botas lo que hubiera significado una victoria épica, pero el azulgrana Valdés fue una muralla para el chaval. Siete minutos quedaban para el final del partido, cuando Xavi bota un saque de esquina, Puyol salta más que nadie en el segundo palo, y en el área pequeña, Eto’o con el muslo derribaba el castillo de naipes del orgullo blanco. La fiesta se encendió en el graderío. El Real Madrid acusó tanto el golpe que ya no vio la forma de levantarse de la lona. Todo lo contrario. Entre despedidas sonoras a Eto’o y Xavi, y lamentos madridistas, un contragolpe bien trenzado por los barcelonistas, acabó con el balón en los pies de Messi, que eleva la pelota sobre un desesperado Casillas. Era la puntilla en el minuto 91. El Barça demarra en la Liga y los blancos, en el partido del orgullo y el honor, en la batalla de la rabia y el esfuerzo, bajaron la cabeza con el emblema de los grandes. El clásico no falló a los entusiastas.
Articulo siguiente >> |
Temas Relacionados
Jose Manuel el 13 de Diciembre de 2008Categorías: Barcelona, Fútbol Internacional, Real Madrid
0 comentario/s hasta el momento











