El flamante campeón del mundo se llevó otras dos distinciones, además de la consagración. El brasileño Kaká ganó el balón de oro al mejor jugador de la competición y se llevó todas las ovaciones y los halagos. El balón de plata fue para su compañero Clarence Seedorf y el de bronce se lo llevó el delantero de Boca, Rodrigo Palacio.

Kaká

Kaká demostró que es un crack justamente cuando debía hacerlo: en una final. Se puso el equipo al hombro, en ningún momento sintió la presión previa y siempre jugó con tranquilidad, sin desesperarse, demostrando toda su capacidad dentro de la cancha. Un jugador diferente que hizo mucha diferencia ante una zaga central xeneize que, como anticipamos, podía sufrir las consecuencias de su juventud e inexperiencia.

Un Kaká pleno que marcó el gol de la tranquilidad, que le dio a Inzaghi las dos asistencias de sus goles, que cada vez que agarraba la pelota uno presentía que algo diferente podía ocurrir. Un Kaká que fue el mejor del partido, que se llevó el premio merecidamente y que la semana que viene puede ser galardonado por la FIFA con otra corona: ser el mejor jugador del mundo.

Pero claro que solo nunca podría haber llegado a lo que es hoy. En el Milan está acompañado de grandes jugadores que lo rodean bien y le permiten ser quien es. Se nota que con Seedorf se entiende muy bien, sabe siempre donde está ubicado Inzaghi, sabe cómo y por dónde moverse, todo esto producto de un equipo con enormes talentos, con mucha experiencia y que llevan muchos años trabajando juntos.

Foto: Goal.com