Andrés Iniesta celebra el gol de la clasificación del Barcelona

Ayer noche se disputó en Stamford Bridge el partido de vuelta de la segunda semifinal de la Champions entre Chelsea y Barcelona. Un cúmulo de sentimientos encendieron la noche londinense. Dolor, alegría, rabia, sorpresa, indignación. Todo en cuestión de segundos. Una noche de tensión que acabó con el golazo de Andrés Iniesta en el minuto 93 de partido, que suponía el empate a uno final, y la clasificación de los azulgranas para la Final de Roma. Una gran noche de fútbol, en donde hubo de todo. Cuando se habla de la Liga de Campeones, visto lo visto en los últimos años, al Chelsea le persigue el malditismo, incluso con el gran Guus Hiddink al mando de los blues. El equipo inglés está maldito porque siempre roza la hazaña, pero se queda en la estacada. Maldito porque, en los últimos instantes, siempre se le derrumban sus sueños.

Fue maldito con la eliminación increíble de Mónaco hace algunos años, con el gol fantasma de Luis García ante el Liverpool, o el fallo del penalty de Terry el año pasado en la final de Moscú ante el Manchester. Ayer no podía ser menos, y la noche se volvió desgarradora para los ingleses. El golazo de Iniesta en el descuento sembró de lágrimas las gradas de Stamford Bridge. Durante 183 minutos, tanto en el Camp Nou como en el estadio del Chelsea, Terry y compañía habían formado una barrera impenetrable frente a su portero, Peter Cech, una táctica casi perfecta del maestro Guus Hiddink. Parecía que el Barcelona no podía hacer frente a ello. Ayer los azulgranas no lanzaron ningún disparo a puerta entre los tres palos, hasta el gol. Menos parecía que pudieran derribar la muralla defensiva del Chelsea con la expulsión de Eric Abidal, tras derribo a Anelka. A esas alturas, el Chelsea ya ganaba el partido, con un golazo de Essien a los nueve minutos de encuentro.

Lampard no se lo podía creer

Essien había marcado uno de los mejores goles de esta edición de la Champions, pero Drogba tuvo en sus botas y en su cabeza la posibilidad de aumentar la cuenta. En alguna de ellas, el colegiado del encuentro, el noruego Tom Henning, no vio penalty en unas manos de Eto’o, o en otras del defensa Piqué. Aún así, en los instantes finales, la puntilla del gol del Barcelona dejó al Chelsea sin la ansiada final de la Champions. Sólo le quedaban 100 segundos para llegar a Roma. Iniesta paró el cronómetro y la noche de Londres. La pelota cayó en los pies de Samuel Eto’o, quien movió para Messi, que había sufrido durante todo el partido el férreo marcaje de los defensas ingleses. El argentino no tuvo en su mente el disparo que le hubiese mandado a la gloria o al infierno, sino que pasó la pelota a Iniesta, mejor situado para el disparo. Lo que siguió en los segundos siguientes qedará grabado a fuego y oro en los corazones de los aficionados de ambos equipos. Iniesta no tenía tiempo para pensar, sólo para disparar y batir por la escuadra a Peter Cech. La sangre y el sudor del Chelsea se convirtieron en lágrimas en unos segundos. Era la quinta vez, en seis años, que el Chelsea sufría la misma puñalada maldita de la decépción.

Anoche el Barcelona movió la pelota maravillosamente, pero esta vez hay que decir que las ocasiones cayeron del lado del Chelsea, sobre todo tras el gol de Essien. Los ingless reclamaron varios penaltyes al término del partido, pero a decir verdad, debieron decidir el encuentro antes. Drogba y Ballack acabaron desquiciados, insultando al árbitro. Alves se perderá la final por sanción, lo mismo que Abidal. Valdés salvó a su equipo en varias paradas sobre todo a Drogba y Anelka. Tras el gol de Iniesta, Ballack tuvo una última ocasión, pero su disparó tocó en el brazo de Eto’o, lo que desencadenó las iras definitivas de los jugadores del Chelsea. La final ya estaba decidida. El éxtasis se apoderó de las calles de Barcelona. Las Ramblas y Canaletas se llenaron de aficionados blaugranas, mientras que Londres y Chelsea se sumían en la desazón más absoluta. La Final entre los dos mejores equipos de Europa está servida.