El fútbol y la política

En un artículo anterior, en referencia al presidente del Barcelona, Joan Laporta, y su catalanismo desmesurado, ya lo indicamos y lo referimos. Ahora lo diré más clarito para que se me entienda mejor: maldita sea la hora en que la política se inmiscuyó en el fútbol, maldita sea la hora y la deshora en que todo lo que rodea al deporte rey se ve salpicado de las idioteces pasivas y activas que genera la política. Nada más que hay que ver que cuando la política entra en juego, el fútbol deja de convertirse en una obra de arte para ser un asunto de Estado que no lleva a ninguna parte. Bueno, sí, a lo que lleva es a la violencia, a los ultras e hinchadas que se esconden como cobardes en celo bajo los signos políticos de tal o cual tendencia.
Me dirán que la culpa no es del todo de la política, sino de dichos aficionados. Ya, pero es que la raíz de muchos de los actos vandálicos que se producen en el mundo del fútbol tienen su germen en la política, en las malditas corrientes ideológicas que aducen los más enfervorizados hinchas de tal o cual equipo. ¿Qué demonios le importará a fulanito de tal si yo soy de izquierdas o de derechas, o un nacionalista empedernido, para por ello esgrimir una bengala contra mí o contra los que se encuentran en mi grada, que a lo mejor somos todos de diferentes ideas políticas?, ¿a qué viene, como sucedió el martes pasado en París, silbar el himno nacional de la Marsellesa por parte de aficionados tunecinos que se encontraban en la grada?. Pues bien, todo ello ha generado en una cuestión de Estado, en la que están inmersos todos los estamentos de la política francesa. Aquí no se salva ni Dios.

La política no trae nada bueno al mundo del fútbol. Dejen ya los presidentes, como el del Barcelona, de sacar a colación una y otra vez sus ideas políticas para trasladarlas al fútbol. Que si yo fuera seguidor del Barcelona, puedo ser tanto o más que cualquier nacionalista catalán, o que cualquiera que quiera votar a quien le dé la gana. Los políticos también deberían meterse más en sus asuntos, que quizás, por echarle tantas cuentas al fútbol, el mundo está como está, inmerso en una crisis galopante, que precisamente no la ha iniciado el deporte de la pelota. Lo sucedido en Francia el pasado martes viene sucediendo desde que el deporte es deporte. De todos es sabido que siempre, por encima de todo, siempre se ha de respetar al contrario. El deporte se fundamenta en eso, en el respeto máximo, en la unión de los pueblos y las culturas. Pero, ¿cuándo no se ha visto que un himno nacional no haya sido mínimante silbado en un campo de fútbol?. Por desgracia, claro…
¿Qué pasa, que los franceses se están volviendo delicaditos o qué?. Parece que eso de tener a Platini en la dirección de la UEFA los ha hecho más llorones. ¿Acaso ellos nunca han silbado el himno nacional de un equipo contrario?. No me vengan con pamplinas, porque esto le ha pasado a cualquiera, y nadie se ha quejado hasta ahora. Claro que hay que respetar los himnos, por supuesto, son la máxima expresión de un país. Pero creo que no se ha de llegar hasta el extremo de iniciar una revuelta popular que no viene a cuento de nada. Exaltar a las masas en contra de unos pocos es de poco valor ético y moral. Usar la política, inmiscuirla como brazo ejecutor en el mundo del fútbol es algo que detesto. Nunca ha llevado a nada bueno, y en esta ocasión, estando los franceses de por medio, ¿a dónde nos llevará?. La respuesta está clara, señores.
Jose Manuel el 15 de Octubre de 2008
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