Riera celebra el gol de la victoria para España

31 partidos sin perder. Esa es la cifra mágica que lleva la selección española. Un récord que se acerca a los 36 encuentros que se llevó sin caer derrotada la selección brasíleña. La Roja volvió a dar de nuevo un golpe de autoridad sobre la mesa del Viejo Continente. Ahora mismo es quien enarbola la bandera del fútbol en Europa, y pocos parecen poder toserle. Al menos ayer Turquía, semifinalista en la pasada Eurocopa de Austria y Suiza, probó las mieles, en su propio estadio, de lo que es medirse al talento y el juego de toque de una selección que ya pone rumbo directo a Sudáfrica 2010. La victoria ayer, 1-2, en el Ali Sami Yen de Estambul, lleno a rebosar por los incondicionales turcos que le pusieron pasión y ganas, supone un paso más para demostrar la categoría del fútbol hispano.

Turquía ha sido una magnífica piedra de toque para calibrar el nivel de los españoles. Ha tenido momentos en los que ha logrado asfixiar el juego fluido de los Xavi, Xabi Alonso, Senna y compañía. Ha logrado maniatar por momentos a Torres y Villa, y ha llegado a estar por delante en el marcador (ayer durante buena parte del primer periodo). Pero España sabe recomponerse cuando peor parece, cuando más lejos de su fútbol de toque se encuentra. Los jóvenes valores emergentes no parecen perder el control, ni siquera cuando en el terreno de juego no están hombres como Iniesta o Puyol, en estado de gracia en las últimas semanas. A España le da igual que, cuando mejor estaba jugando, se le adelanten en el marcador. No se descompone, sigue fiel a su estilo, y no se amedrenta ante el ambiente hostil, pero muy respetuoso, de los aficionados turcos. Turquía sí, se creció, atisbó en el horizonte la posibilidad de ser la selección que sacara de sus casillas a la campeona de Europa. Se vino arriba y, jaleada hasta la extenuación, se marchó al descanso con ventaja.

La pasión turca no fue suficiente para llevar a su equipo hacia la victoria

Pero la pelota circulaba en su mayoría por las botas de los españoles. Tarde o temprano, la presión turca tenía que venirse abajo, y la maquinaria hispana se aprovecharía de la coyuntura. Al cuarto de hora, España empató. Un penalti acabó por momentos con el sueño turco. Xabi Alonso se encargó de transformarlo y le dió nuevamente la pelota a los de Vicente del Bosque, para que la rasearan y le dieran ese toque fresco que cualquier esférico agradece. Turquía se vio movida por rreones, sin perder la compostura, sabiendo que la flauta a veces suena sin buscarlo con ahinco. Pero el control era hispano, y Xavi comenzaba a crecerse más y más. Los cambios dieron más soltura a los dos equipos, y los aficionados turcos siguieron empujando con ganas. Turquía recurría al balón dentro del área, pero aún mantenía sue fiel estilo de juego y desborde.

Quedaba poco más de cinco minutos para el final, y en España entró Güiza por Fernando Torres. El último cartucho de la selección española se escapó por velocidad e inteligencia, en el tiempo de descuento, de su marcador, y sirvió en bandeja el segundo gol a Riera. España remontaba un partido que había comenzado perdiendo. Se había sobrepuesto al ambiente y al resultado. Sudáfrica 2010 coleaba en el ambiente, y a Turquía no le quedó más remedio que agachar la cabeza, tirar las armas al suelo y volver a la cruda realidad. Los hombres de Fatih Terim se vieron impotentes en el tramo final. España puso las cosas en su sitio y dejó muy claro que, ahora mismo, lleva los galones en Europa. La Roja encabeza el grupo con 18 puntos, seis más que Bosnia, y diez puntos por encima ya de los turcos, que se complicaron ayer demasiado sus posibilidades de clasificación.