Anfield Road

Después de una horrible primera parte de campeonato, parece que no sólo el equipo del Liverpool se encuentra en una situación preocupante. Los dirigentes del club han considerado la venta de los derechos del nombre de su estadio, Anfield Road, por el nuevo de Stanley Park al mejor postor. Parece que el final del nombre de Anfield está cerca. A menos que haya alguien que le haga la oferta más alta, y quiera que se mantenga el nombre de Anfield.

¿Podéis imaginar que el campo del Barcelona ya no se llamara Camp Nou, o el del Real Madrid dejase de llamarse Santiago Bernabéu, y que el Inter de Milán y el Milan ya no jugasen en San Siro?. Junto con Anfield son las auténticas catedrales del fútbol europeo. Hay mucho patrimonio y mucha historia que podrían quedar por los suelos si se produjese el cambio de nombre. Desde aquí abogamos porque no sea así.

Pero claro, según los dirigentes del Liverpool, sería una locura no aprovechar esa historia y ese patrimonio. Todo por el afán de ganar unos miles de euros que, dada la triste economía del Liverpool en estos momentos, serían la tabla de salvación del cuadro inglés, máxime si este año no logra clasificarse para la Liga de Campeones, que es la competición que da beneficios económicos importantes en el fútbol europeo.

Lo más triste es que pienso que los dirigentes del Liverpool no están con sus cinco sentidos puestos en el equipo, sino pensando en los pingües beneficios que van a sacar con el cambio de nombre del estadio. El fútbol, desgraciadamente, se ha convertido en una máquina de generar dinero, los presidentes y directivos sólo piensan en llenarse los bolsillos, y el romanticismo y el amor a unos colores ha pasado a mejor vida.

Pero esto último es algo que viene ocurriendo últimamente en la mayoría de grandes equipos, no sólo en el Liverpool. No podemos cebarnos exclusivamente con el cuadro inglés. Una cosa es evidente, el dinero lo es todo, sí. Con dinero puedes conformar un buen equipo, como el Real Madrid, con dinero puedes sanear un club, pagar tus deduas, y demás. Pero el sentimiento y el corazón, el amor a unos colores no se paga con dinero. No hay dólares ni euros suficientes para pagar las lágrimas de cualquier aficionado del Liverpool cuando vea el nombre del mítico Anfield Road tirado en el cubo de la basura.

Por eso, desde este humilde estrado queremos gritar, como el grito unánime que conforma Anfield antes de los partidos, NO A LA DESAPARICIÓN DE ANFIELD ROAD.