Argentina y Brasil tropiezan en la fase de clasificación

Sudámerica también fue el escenario ayer de las sorpresas que depara el mundo del fútbol. Ayer se disputaban partidos para la fase de clasificación del Mundial de Sudáfrica del 2010. Brasil no pudo pasar del empate a cero goles en casa, y ya van tres, ante Colombia, mientras que la selección argentina caía derrotada en Santiago ante Chile por 1-0, en un mal partido de los albicelestes. Ambos resultados dejan a sus respectivos seleccionadores en muy mala situación, sobre todo el brasileño Dunga, que ayer tuvo que escuchar como, antes del descanso, la hinchada brasileira le pedía la dimisión. Por su parte, quién le iba a decir a Marcelo Bielsa, hoy seleccionador de Chile, que iba a poner contra las cuerdas a su compatriota Alfio Basile. Lo que son las cosas.
Pues sí, el mundo del fútbol tiene estas curiosas, y a la vez, crueles coincidencias. Ayer Marcelo Bielsa, el hombre que hizo una magnífica fase de clasificación para el Mundial de Corea y Japón con Argentina, aunque luego la cita mundialista la cosa fuera para llorar, se sentaba en el banquillo contrario, al otro lado de la cordillera andina. No sé yo si esperaba con ánimos de revancha o simplemente como un entrenador rival el partido contra la selección de Alfio Basile. Lo que sí está claro es que Chile pudo hacer ayer uno de los mejores partidos que se le recuerdan. No es que tuteara a Argentina, es que el resultado final de 1-0 se me antoja corto para los merecimientos de Matías Fernández y los suyos. Argentina no brilló. Cuando Messi intenta tirar de un carro en el que nadie responde, es difícil salir del agujero. A pesar de todo, Argentina la tuvo para llevarse al menos un empate. Pero ayer era el día señalado en el calendario por Bielsa. Ayer era su noche, y ningún dios con sonrisa de tango pudo malograrle el triunfo.
Lo de Brasil ya clama al cielo, que es lo que ayer hicieron sus hinchas. Clamar y clamar por el adiós de Dunga, que tiene todas las papeletas para que en la próxima tómbola le toque el despido. Brasil, sencillamente, fue un auténtico espejismo de la que goleó días atrás a Venezuela por 0-4. Robinho fue una pequeña isla en la defensa colombiana, que se restregaba los ojos viendo cómo los atacantes verde-amarelhos apenas inquietaban su portería. Claro, ante una situación así, los cafeteros hicieron lo que cualquier equipo, por muy inferior que sea, haría. Irse arriba y buscar la mayor de las sorpresas, y de paso, meter presión en la zona de arriba. Afortunadamente, la suerte estuvo de lado de los brasileños, que se las vieron y desearon para acabar el partido. Brasil acabó agotada el encuentro, triste, sin recursos. No tiene esa frescura que marcan los nombres que coronan los dorsales de sus jugadores. Kaká, Robinho, Pato, serían nombres para destronar a cualquier equipo. Cómo se nota que el fútbol consiste en meter una pelota dentro de una portería, y no en ver quién se pasea mejor sobre el campo, o quién tiene en el banco la mayor cuenta corriente.
Afortunadamente, para ganar un partido se necesita ya mucho más que un nombre rodeado de historia.
Jose Manuel el 16 de Octubre de 2008
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